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Violencia y Acoso en contra de las Mujeres

December 15, 2017

Estoy convencida que si hiciera una encuesta de opinión acerca del número de mujeres hispanas que alguna vez en su vida han sufrido de acoso u hostigamiento sexual, obtendría una respuesta cercana al cien por ciento. ¿Qué mujeres, especialmente las provenientes de países latinoamericanos, no se han visto en una situación en donde han estado expuestas a miradas lascivas, incómodos comentarios de índole sexual, chiflidos, tocamientos y hasta exigencias o amenazas para tener una relación sexual por parte de algún hombre? Lamentablemente la cultura del acoso y hostigamiento sexual es generalizada y las mujeres viven en un estado de resignación, precisamente porque es tan generalizada.
 
Efectivamente existen legislaciones como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia de México que definen el acoso y el hostigamiento sexual. Contrario a lo que podríamos pensar, son dos conductas similares en sus efectos pero tienen sus distinciones. De tal suerte, el acoso sexual en la ley mexicana es definido como “una forma de violencia con connotación lasciva en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo de poder que conlleva a un estado de indefensión y de riesgo para la víctima, independientemente de que se realice en uno o varios eventos”. El hostigamiento se define legalmente como el “ejercicio de poder en una relación de subordinación real de la víctima (alguien de menor rango jerárquico) frente al agresor en el ámbito laboral, que se expresa en conductas verbales, físicas o ambas”. En este rubro también queda comprendido el hostigamiento en el ámbito escolar, en el cual maestros solicitan favores sexuales de sus educandos a cambio de mejores calificaciones.

En ambos casos se trata de acciones sexuales, físicas o verbales que no son recíprocas, en las que existe la coerción, es decir, la intención de causar un perjuicio o beneficio dependiendo del rechazo o de la aceptación, lo cual significa una relación desigual, que produce un sentimiento de molestia y humillación en la víctima. La coerción implica un rango amplio de conductas denigrantes para la dignidad de una persona: chistes ofensivos o juegos de palabras en doble sentido con una connotación sexual tendiente a obtener favores sexuales, miradas lascivas, tocamientos no consentidos y amenazas para obtener favores sexuales. En todo caso, todas estas conductas representan una forma de control y un intento por desvalorizar la dignidad de las personas. La gran mayoría de las víctimas son mujeres. Las acusaciones y denuncias en contra del productor hollywoodense de películas Harvey Weinstein son evidencia de esa cultura de denigración a las mujeres.

También los hombres son víctimas de acoso u hostigamiento, como lo patentizan las escandalosas acusaciones de acoso y hostigamiento que han hecho varones con respecto al galardonado actor Kevin Spacey.

La pregunta obligada es ¿cómo es posible que estos abusadores puedan prosperar durante décadas? En Latinoamérica, la respuesta está en la cultura machista y hasta misógina que alienta estas conductas en todos los ámbitos. Pero también en Estados Unidos se presenta el mismo fenómeno, a pesar de que ostensiblemente esta sociedad es menos tolerante de conductas faltas de ética y delictivas. El elemento común es que en la actualidad hombres abusivos llegan a posiciones de poder porque la agresividad es premiada y bien vista, y no a pesar de su desdeño por las mujeres, sino tal vez hasta precisamente por ello. Ello explica porque conductas violentas y agresivas (que inclusive, pueden acabar en la violación sexual) hasta son recompensadas.

Hace falta hacer conciencia y educar, particularmente a los varones, para que comprendan que el acoso y hostigamiento sexual son conductas indeseables e ilícitas y que cuando una persona se niega a tener sexo, el “no” no significa sí, que cualquier coacción a tenerlo se llama violación y que quien ejerce violencia o coacciona a otra persona para que tenga sexo con él, es un violador y merece que todo el peso de la ley caiga encima del mismo.

 

 

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